jacinto de Gran Hermano

Jacinto, el concursante al que Gran Hermano le torció la vida: envidias, boicot y ruina

Jacinto no ha vivido su mejor época tras su paso por el reality

Durante un tiempo, participar en un reality como Gran Hermano era sinónimo de enriquecimiento para sus concursantes. Muchos consiguieron importantes sumas de dinero que les permitirían empezar nuevos proyectos. Fue el caso de Jacinto Garbayo, de la tercera edición.

Sin embargo, algunos negocios no siempre acaban bien. Él puede presumir de haber alcanzado el éxito, pero también de acabar en la ruina.

A lo largo de 20 años han pasado muchas personas por este programa, y resulta prácticamente imposible acordarse de todos. Pero Jacinto es uno de los participantes que más huella dejó. Era totalmente opuesto a la mayoría de sus compañeros, un hombre de carácter, muy vinculado al campo y con gran apego a los animales.

Lo definían como una persona muy natural y transparente, que no se callaba nada. Tenía poco en común con el resto de inquilinos en la casa. La mayoría llegaba ya con la lección aprendida y sabían qué papel debían desempeñar allí.

Después de tomar parte en un concurso de estas características, la mayoría opta por tapar agujeros o invertir el dinero en algún negocio. Él se decantó por la segunda opción. Decidió abrir un restaurante, de nombre Chass, que arrancó con mucha fuerza.

Pero los días de alegría y abundancia llegaron a su fin. Jacinto confesó en más de una ocasión que las deudas le estaban ahogando. Hasta el punto de asegurar que tenía serios problemas para alimentar a sus dos hijos.

Tanto él como su madre trataron de ser padres durante siete años, pero tras varios abortos e intervenciones optaron por la adopción. Cuando les entregaron a los dos niños les prometió que no les faltaría nunca de nada. Pero ante la delicada situación que sufre tiene la sensación de que les ha fallado.

Su restaurante está prácticamente en la quiebra, como recoge Merca2. Apenas consigue recaudar 150 euros al día, por lo que no le sale rentable ni abrir las puertas. Hace unos meses se conocía que estaba a punto de perderlo todo, tanto la casa en la que vivía como su negocio.

La única opción que barajaba era alquilarlo o venderlo para recuperar algo de dinero. Lo que más le dolería a Jacinto sería perder la vivienda, que es de su madre y está adaptada para ella, que sufre una invalidez.

Se puede decir que su paso por la televisión le cambió la vida. Pero en esta ocasión, para peor. Antes de ser conocido tenía un pequeño bar en su pueblo, que le permitía vivir con holgura, sin demasiadas apreturas.

El dinero obtenido durante su paso por Gran Hermano le llevó a invertirlo en algo, y pensó en un restaurante. Al principio todo funcionaba de maravilla, llegando a vender 20 bidones de cerveza cada día.

Jacinto lo tenía todo para ser feliz

Jacinto reconoció que llegó a ganar más de 240 000 euros, pero ese dinero se acabaría esfumando. La fama y su buena posición económica despertaron la envidia de muchos de sus vecinos, que le acabarían haciendo boicot.

Llegado el momento pensó que la mejor idea era retirarse de allí y refugiarse en el campo, donde podría vivir de la tierra. Durante un tiempo toda la familia estuvo viviendo de la pensión de su madre, que apenas llegaba a los 500 euros mensuales.

Poco se sabe de los motivos por los que fue vetado. Sospecha que fue por defender a los minusválidos.

 

Todo comenzó cuando fue a renovar el DNI a su madre. El sitio elegido estaba en una segunda planta y había que subir escaleras. Algo imposible para una persona con discapacidad.

Debido a las bajas temperaturas de ese día, tuvieron que llevarla, además, a un hospital para que fuera atendida. A partir de aquello el concursante de Gran Hermano estalló contra el alcalde del pueblo.

Aseguró que no valía para nada y le tachó de mala persona. Esas palabras se acabaron volviendo en su contra. Todo el pueblo le acabaría dando la espalda a Jacinto por sus críticas.